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La primera noche esperé hora y media, no entré. No entendía porqué quería entrar en un principio, luego supe que quería hablar mal de tanta gente que se había esforzado tanto por traerle al mundo una prueba de su tan amado "estilo de vida callejero"
La noche siguiente entré, después de subir seis pisos y de repetir muuchas veces; "qué mal, esto es horrible, la gente no sabe lo que hace", desde el séptimo piso todo fue mejorando, y pensé que nadie quiere una ciudad sucia y caotica, que a nadie le gusta oler a mierda, que la democracia no sirve y que ( nosotros) la juventud no quiere ensuciarse las manos, pensé que estamos en crisis, en una crisis que va rayando cuanta pared blanca encuentra.
Lo que pasa con tanta creatividad es que no sirve para nada, que tal vez le dé plata a ellos, sí, que tal vez le dé más plata a Mtv, sí, que esos artistas gozan creyendo que a uno lo escupen en la cara, sí, que uno alcanza a recibir el gargajo, no. Por que ellos no tienen saliva, no tienen con qué hablar, por más rayas que vea en la pared. Eso fue lo que vi desde el primer piso hasta el sexto. Para arriba fue mucho más pensado, mucho más organizado, mucho más claro, diciente.
Me mató uno del que fui parte por diez minutos, creo que era de Estados Gaseosos (por esto es que son reflexiones tardías) un cuarto en donde estaba un televisor, una mecedora y todo adornado don un papel tapiz blanco (o crema), en la pared del frente de la mecedora estaba un pedazo de cuadro sobresaliente de la pared, se alcanzaba a ver, resaltado en la pintura o papel tapiz, un soldado disparandole a otra persona; en el televisor estaba puesto un video de CNN sobre la invasión a Irak.
De todos modos. No recuerdo más y para describir soy pésima.
